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—historias
lunes 28 de septiembre de 2009
miércoles 23 de septiembre de 2009
Guts & Gets
- Acabo de pasar todo el día escuchando hablar del deseo, de la falta, de lo imposible.
- Hagamos un culo de la falta, idolatremosla.
- Los más lacanianos (pero es una mala palabra) son los que no le creen. Los que siguen su deseo contradictorio, los que dicen que no existe —que no es cierto, que no es posible entender «lo imposible es la condición de posibilidad de lo posible».
- Será monarca aquel que intente convencerlos de lo contrario, creerá que existe un lugar afálico. ¿Una vagina, tal vez? Los vacíos no existen.
- El sentido nunca desaparace y cuando desaparece ya no importa.
- La negatividad debe funcionar así, con un sol perpetuo. Debe ser realmente invisible.
Foto de Monkeyzen.
lunes 21 de septiembre de 2009
Mowgli
Conforme acabo la carrera me vuelvo cada vez más mamona. Ya no sé si enloquezco. Si algo me ha quedado claro en mi vida es que no soy como los demás. No pienso como los demás ni hablo como los demás. Pienso las cosas al revés, nadie me entiende. Me dan el avión, porque así es la gente. Yo no, pero ellos sí. Con que oigan alguna cosa cierta ya creen que entendieron. O no lo creen, pero no les importa. O no saben lo que es entender.
Me gusta creer que la gente es idiota. Prefiero creerlo. De otro modo estaría obligada a pensar que los idiotas no son ellos, sino yo.
El sábado me pelee con una amiga. Realmente no nos peleamos y realmente no era mi amiga. Es una vieja, antropóloga, lesbiana, conocida de pedas, que dedica su vida a salvar animales. Y es cierto que los animales necesitan ser salvados. Cada dos o tres semanas recibo un correo de ella pidiéndome a mí a todos los que recibimos ese correo que por favor lo reenviemos a nuestros contactos. Se trata, la mayoría de los casos, de conseguir quien adopte a los perros callejeros que ella recoge, cuida, cura y vacuna. El noventa y nueve por ciento de las veces vienen con foto.
Es la pinche santa madre Teresa de los perros, carajo.
No hubo ninguna pelea. El sábado Ale y yo regresábamos de algún lado y como venía muy alegre le contesté a la santa madre de todos los perros No chingues, estoy harta de atascarle los mails a mis amigos de perritos [porque un día de estos perderé mi credibilidad y ya no abrirán mis forwards de los jardines de la Biblioteca Central]. Entiendo que haya que conseguirles casa, pero, demonios, debe haber otra solución... Le sugerí que se pusiera de acuerdo con otros y que abriera un blog, así quien estuviera pensando en adoptar podía dirigirse ahí directamente y no tendríamos que andar mandando mails esperando tener la puntería suficiente como para que el forward le llegue justo a la persona que en ese momento estaba pensando que le gustaría tener un perrito. Rematé mi telegrama diciéndole Es que no manches, te los encuentras cada quincena....
Al día siguiente recibo un mensaje de ella por facebook donde me notifica que no tendré que molestarme más en enviar ni contestar ningún correo que tenga que ver con ella.
hola pues no, no tengo pagina en internet para lo de los perros, porque pues tampoco tengo 10 animales nuevos cada semana, asi que bueno, no te preocupes no te vuelvo a mandar nada. gracias. por cierto, tampoco te molestes en mandarme tus mails.
No manches, que me echo a llorar con todo y que la estúpida no sabe escribir y además tiene el pésimo estilo de saludar antes de mandar a la chingada. No, no es mi amiga, y ya desde antes sabía que lo nuestro no tenía futuro. Pfts, si la tengo en facebook, leo su status todos los días —corrección, lo leía, porque también me bloqueó el facebook—. Pero me solté a llorar. Muchísimo más cuando mi novia pasó, le echó un ojo a nuestra correspondencia amorosa y me contestó Te lo mereces.
Me lo merezco. Por eso lloraba. Me lo merezco porque no sé hablar, porque no sé tratar con los demás, porque no sé cómo ser "natural", "femenina", "auténtica", porque todo lo digo al revés, porque soy una impertinente, porque a mí no me enseñaron a ser amable —no me enseñaron nada, me metieron a la guardería a los 6 meses y cuando cumplí la mayoría de edad me dieron una tarjeta de crédito y me dijeron que podía hacer lo que quisiera, tan tan. Soy un Mowgli.
Lloraba porque sabía que en el fondo tenía razón, pero, también lo sabía, y también lloraba por eso, era una razón completamente inútil para este mundo. Y lloré y lloré y lloré, y maldije todo lo que pude estas manos y esta cabeza que no entienden cómo hacer las cosas. Hasta que me cansé y salí de mi cuarto con la cara toda hinchada, y mi novia me preguntó si ya había acabado con mi berriche y yo volví a llorar porque me acordé que fui abandonada a los 6 meses.
Y ya luego me calmé.
Ahí acabó la historia. Mandé a la chingada a la santa patrona de todos los perros, me pregunté por qué vivía rodeada de estúpidas y me puse a trasplantar a La Gloriosa y a lavar la ropa del domingo.
Llegó el lunes. Llegué puntual y despejada a clase. Cinco días sin fumar, me compré un café y el periódico media hora antes, sin azotes. Y dos horas después que se me ocurre hacer una de esas preguntas a la Ocaña...
La maestra nunca me entendió, el salón se rió de mí y yo juraba dentro de mi doloroso yo que tenía razón. Me profirieron el peor de los insultos, la oh respetable profesora (y mira, pa' joderme resulta que sí es una chingona) me interrumpió a mitad de mi explicación y me dijo ¡que yo creía en la verdad y en la mentira! Me le quedé mirando hundida en mi silla contando hasta diez y pensando Na' más no le contestes que eso es falso, por favor, Ocaña, te lo prohibo...
La política (/la retórica) trata de persuadirnos, decía ella. Y claro, todo lo que decía sonaba muy lógico, muy coherente, muy correcto. Pero yo pensé que aunque tenía razón, también era cierto que a veces la política trataba de no persuadirnos, de confundirnos.
Creí que coincidiría conmigo, pero no. En vez de eso empezó a corregirme las ideas, que yo creía que tenía muy derechitas, y yo le dije ok ok ok, eso, pero eso no quita que y ella me interrumpió y yo me acordé de la santa patrona de los perros y me pregunté por qué chingados no puedo hablar bien ni explicarme las ideas, e intenté aclararme las ideas mientras ella se embrollaba cada vez más y más y luego una alumna que estaba a mi lado empezó a aleccionarme sobre las diferencias entre ontología y política y yo la miraba y pensaba "además de lista es muy bonita", pero era yo la que estaba ahí quedandoo como una idiota. Intenté explicarme mejor, pero nunca me entendieron.
¿Qué no es putas cierto que la política crea confusión y evita persuadirnos?, por lo menos persuadirnos de algo político, porque lo que sí logra es persuadir a todos de que no vale la pena la política. Persuade de la no-persuasión.
¿Qué me van a decir? Que eso no es política, claro. Que esto no es la polis griega. Y soy yo la que cree en verdaderos y falsos, no te jode.
Noodles intructions

¿Qué pedo con la traducción? Try adding an egg, desired vegetables and leftover meat. Traducción de la bolsita de fideos japoneses ready in three minutes: Puede añadir huevo o vegetales si lo desea o cebolla verde en trozos.
Unbelievable.
Por lo demás me las arreglo bastante bien. Como 5 ó 6 veces al día; sobrevivo de una comida a la siguiente con pasas, paletas, gomitas, chocolates, almendras, cajetosos, etc. No escribo para nada y me cuesta mucho trabajo leer. Ahora entiendo por qué la mayoría de la población no-fumadora es también no-lectora. Y no escritora y todas esas cosas que requieren paciencia.
Mi estado amerita un serio aplastamiento frente a la televisión, pero no tengo televisión. Al contrario, tengo un montón de ceniceros.
viernes 18 de septiembre de 2009
No smoke for you today
Nunca sé qué poner en la foto de perfil. Estoy dejando de fumar. Tengo cita con la psicoanalista en dos horas.
Es super difícil explicar lo que quiero. / Paso quince minutos acostada en un diván en silencio. / Éste es mi primer post, ever, que escribo sin fumar. No sé escribir sin fumar. / Una mañana. Me levanté cruda. En la madrugrada vomité hasta vomitar después de que ya no puedes vomitar más. Odio odio odio odio vomitar. Cuando me desperté la música hacía punchis punchis en la cama donde me quedé dormida. Todo estaba lleno de humo de cigarro. Había otras personas dormidas en el cuarto. Mi novia estaba afuera rodeada de pastillitas y polvitos, y pensé que lo mejor era salir de ahí cuanto antes.
Por un lado quiero fumar, no puedo estar más sin fumar, y por otro no quiero. Me gusta no fumar, todo pasa increíblemente lento y claro. Yo me siento más limpia, menos un desastre. Me gusta respirar. Todo huele. / Quiero algo que me llegue hasta los pulmones y que me detenga por un momento la respiración. Quiero un cigarro.
En fin. Debería cambiar inmediatamente la foto que puse. ¿Cómo se me ocurre? Pero... No sé qué poner. ¿Me pongo a mí?, ¿y si luego alguien pasa y me reconoce y se da cuenta de que digo muchas pendejadas? / ¿Y si luego alguien pasa, me ve y piensa cosas? ¿Me corto, me borro, me tacho, me caricaturizo? / De hecho tengo una foto de un bote de pintura amarilla que quedaría bastante bien.
Post chafa.
PD: Ya encontré que poner. Iiiiiiiu. Está perfecta.
Ah, a menos que mañana me arrepienta.
domingo 13 de septiembre de 2009
Ególassstre
sábado 12 de septiembre de 2009
Pez
Me siento así, tratando de atrapar peces.
Después de dos años sin saber qué era lo que hacía, atrapando peces a ciegas, mojándome de quién sabe qué y entendiendo cómo era que de la bibliografía pasábamos a las estructuras, finalmente tengo un pez.
Me faltan 9.
sábado 5 de septiembre de 2009
Eso era exactamente lo que había que responder
Regreso el viernes en la noche mojada y con frío a mi casa, me siento en la computadora, ella se sienta junto a mí, se ha quitado el brassiere, se puso una blusa color rosa mexicano que le queda bastante guanga, y yo pienso "Qué bonita es mi novia". En la cama me hace cariñitos en la espalda, luego se pone encima de mí, con su pelo negro, tratando de convencer a mis emociones que hace años luz que se han ido de este mundo. La veo y pienso "Pero guey, es peciosa." Me despierto al amanecer y, antes de verla, la huelo. Huele como el primer día que se quedó aquí. A medio día nublado se acurruca debajo de mi brazo, entre un montón de almohadas, con su pelo despeinado y la mirada divertida, me dice que soy yo la que debería hacer el desayuno y que ella se va a correr. Yo la veo y pienso que sí, que sí me levanto, pero que me deje dormir. Le digo que vaya a correr.
Luego se va a correr y yo me quedo entre las almohadas haciendo recuentos mentales.
Me levanto de un brinco quince minutos después mentándole la madre a mis fantasías y a sus protagonistas. Me pongo unos jeans sucios, una playera negra, una chamarra y chanclas. Sin calzones. Salgo del departamento, bajo seis pisos, salgo a la calle, saludo al portero. En la esquina una banda de niñitos zapotecos harapientos y gritones me llama por mi apodo, ganado a pulso, y me piden dinero. Les contesto que aguanten a que vaya a comprar lo mío. Me contestan que ni madres. Les digo que no chinguen. El más grande me pide una torta.
—¿Una torta? ¡Pero si no hay tortas!
—¡No! ¡Una coca!
Me dicen Patchi, que significa hombre. Camino en chanclas por el asfalto frío. Todo está vacío. El puesto de jugos no está y el café está cerrado, lo que me hace pensar que ya es bastante tarde. El café lo atiende un señor viejo, barrigón, alto y de barba canosa, tipo el viejo y el mar, que un día se acercó a darme la mano y a decirme que él hace café desde las 5 de la mañana. Desde entonces me cae bien.
Me meto a Sanborns a comprar El País, porque hoy es sábado y sale Babelia. El policía me saluda. Saludo al policía. Me pregunto si algún día me cachará robando. Pago 10 pesos. Saliendo de ahí pongo por primera vez en mi vida un pie en Starbucks; no me da culpa porque sólo entré a comprar un jugo de naranja, nada que tuviera que ver con café o chocolate.
Después paso al Seven a comprar una coca. Ocho varos una lata de coca cola, en fin, un robo, como todo. Como el jugo. Excepto El País, que sin pedos podría costar 15, que es a lo que está el euro. Me pregunto por qué chingados sigue costando 10. Me lo pregunto cada que voy a pagar, esperando con angustia que me digan "Quince". O "Diecisiete".
De regreso entrego mi mercancía. Están todos los niños haciendo bola encima de una niña. Parece que le quieren sacar algo del ojo o que la niña se cayó y se pegó, no sé. Creo que está llorando. Me pongo detrás de ellos y grito ¡Ei!, ¡coca! Todos se emocionan y hacen escándalo entre ellos. Se la doy al más grande y me agradece. Parecía que no creían que les iba a traer una coca. ¿Pa' qué se las llevé si no se lo esperaban? Me regreso a mi casa, mientras escucho atrás el pffsst de la lata de coca cola, chancleando toda la calle por el asfalto frío.
Traigo un jugo de naranja helado de Starbucks y el periódico debajo de la chamarra. Le doy un trago al jugo. Está frío y ácido. Me gusta. A mi ex novio le gustaban así los jugos de naranja. Nunca lo entendí. Antes de abrir la puerta de mi casa, me pregunto si me pasará así siempre, si acabaré entendiendo a los demás después de mandarlos a la chingada.
Guardo el jugo en el congelador, es para mi novia que salió a correr. Inmediatamente me pongo a hacer el desayuno: saco un chorizo, lo parto, saco la moledora, lo muelo, saco un sartén, lo frío, saco cuatro huevos y tortillas, guardo la moledora. Pongo a hervir agua, pongo a hacer café. Levanto la cocina, saco dos platos. Y así, mientras acomodo las servilletas debajo de los tenedores y me pregunto de qué lado van los tenedores y de qué lado los cuchillos, me acuerdo de mis relaciones sociales y pienso que soy un fiasco incorregible, rara hasta lo repulsivo. Tal vez es que miento, que soy falsa y que sólo me doy cuenta de ello los sábados en la mañana; pero no lo sé. Toda la cuestión se hunde en arenas movedizas informes, dentro de mí. Me queda ese vacío con el que no se puede hacer nada, que es simplemente vacío. Mi novia entra como un torbellino por la puerta de la cocina. Dice "Mmmm" y me da un beso. Le digo que el jugo está en el congelador. Después de unas breves explicaciones acerca del vasito que dice "Starbucks", le da un trago enorme hasta que se da cuenta de que es el único que hay y me deja el resto, con un gemido de arrepentimiento. Era para ella, de todas formas. Luego se va a bañar. Yo miro las tres sillas de la cocina. Cuando mi hermano viene de visita en vacaciones hay que mover la mesa al centro y traer una silla más, porque viene con su novia. Estoy convencida de que de los 30 noruegos que existen en el planeta, ella es la única con nombre español. Se llama Verónica. ¿Quién iba a decir que acabaría con un Fernando? Pero ahora de los tres lugares que hay en la mesa, dos tienen platos para desayunar y en el otro está puesto el periódico, con su titular que dice que van a mandar más tropas a Afganistán. Los españoles, se entiende, por desde ahí donde está mi mesa, Afganistán queda muy lejos. Pienso que ahora que acabe con ese desayuno, me siento en esa silla a leer el periódico y que así se arreglará todo. O sea, el vacío. Realmente lo pienso, realmente creo que sentarme en ese lugar es lo siguiente que debería de hacer, en vez de seguir parada ahí, a mitad de la cocina, con las arenas movedizas que se han tragado ya todas mis ideas y el sonido de la regadera al final del pasillo.
Ale tarda tanto en bañarse que yo no sé si sacar las tortillas del comal pa' que se enfríen o quemarlas ahí mismo. Empiezo a desesperarme.
Finalmente se sienta a desayunar. Descalza. Viene bañada, con una blusa morada y con el ánimo de quien acaba de correr una hora. Tiene en frente un plato de huevos con chorizo, un tazón de barro con salsa verde y una tortilla medio quemada. No hay jugo porque el jugo ya nos lo tomamos, pero hay agua fría. En la tecera silla ya está sentado mi gato. Mientras desayunamos le leo un titular que le interesa: "La violencia étnica estalla de nuevo entre chinos y uigures en Xinjiang". Me corrige mi pronunciación y me explica que Xinjiang queda cerca de donde fue el terremoto, cerca de un Buda gigante y cerca de donde viven los papás de Weiwei. Yo le enseño la foto. Es casi perfecto que a mi novia no le interese la política más que la que sucede al otro lado del mundo. Y además se ve preciosa. Cuando termina de desayunar le quito el plato sucio, le acerco el periódico, le sirvo un café y le pido que me lea los titulares, pero sólo me lee la publicidad: "El mejor queso de oveja del mundo. Masters en línea. ONG jesuita, escuelas que cambian el mundo. Ese, el país del suscriptor. Cancún, tres días desde cuatro mil pesos." Me da risa porque los lee con voz muy seria.
—Te hice el desayuno, fui a buscar el jugo, te leo el periódico, te sirvo café... —le digo,
—Equis, lo que me importa es que seas tú la que lo haga.
Yo acá con mis mamadas y ella, de reojo, apunta y dice "patito paranoico de hoy, abajo. Voy a mi casa por mi compu y regreso al ratito, ¿ok?"
Prometo de ahora en adelante escribir más, y no las chingaderas que han estado saliendo. Prometo que me pondré a lo mío, a hacer mi vida, y no a azotarme en arenas movedizas. Prometo que me regresará el alma. Lo prometo, lo prometo, lo prometo.
—¿Quién es Berlusconi? —continua,
—El rey de Italia —le contesto.
—"Berlusconi aspira al poder absoluto"
—¿Ves?
—¿Italia tiene rey? —pregunta asombrada,
—¡Berlusconi!
—¿Qué países tienen rey?, España...
—España...
—Inglaterra,
—Noruega,
—¿Noruega?
—Liechtenstein —digo.
Levanta un ojo del periódico y me mira.
—Y... ¿en qué se diferencian de los presidentes?
La miro.
—No chingues, ¿cómo que en qué se diferencian?
—Ajá o sea, cómo. Ya sé que hay un rey, pero cómo.
—En unos países las desiciones la toman muchos y nunca se ponen de acuerdo —le digo y hace cara de no empieces—, en otros las desiciones las toma uno solo. Entonces en unos se pueden hacer grandes cosas —como la dictadura de Chile, le digo—, y chingaderas, y en otros nada.
Hace cara de ¿Chile? y cierra el periódico. Yo saco Babelia y se lo doy. Me dice que le gustaría vivir en otra época.
—¿Qué otra?
—Cualquiera.




